lunes, 30 de enero de 2012

Nosotros.

Últimamente, solo pienso en ti y en tu ausencia. Me acuerdo de tu pelo castaño y despeinado que tenías cuando te levantabas y no te peinabas, y de esa arruga que te salía en la frente cuando me mirabas como si estuviera loca. Supongo que si me vuelven todos esos recuerdos es porque ya se acerca esa fecha..
20 de Enero. El día que te fuiste para no volver jamás y el día que empezó todo. Te me presentaste como Jack con una sonrisa de oreja a oreja cuando apenas teníamos 10 años. Te estabas escapando de tu padre furioso, así que te agarré la mano y nos fuimos corriendo. Te llevé al bosque que hay a las afueras de la ciudad. Estábamos cansados de correr y nos sentamos en un tronco que había por allí. Me preguntaste como me llamaba y estuvimos hablando toda la tarde. Me contaste que vivías cerca de la plaza mayor, y que ahora irías al mismo colegio que yo. A partir de ese día, cada domingo nos encontrábamos allí, en ese bosque, en ese tronco, a hablar sobre todo y nada. Hablábamos de nuestros futuros, como si tuviéramos una pista sobre él, pero nadie sabía que al final te perdería. Me contaste que tu madre estaba ingresada en el hospital, y que llevaba allí año y medio, y que tu padre pagaba su sufrimiento contigo. Cuando mis padres empezaron a gritarse entre ellos y a estar siempre de mal humor, te pregunté cómo podías estar siempre así de positivo y ser feliz, de no derrumbarte nunca. Me contaste tu secreto, y es algo que no olvidaré nunca; “En la vida, ya hay suficientes desgracias, personas que se van, oportunidades que no apreciamos, desamores, muertes… pero hay algo muy importante en esto, que solo hay una vida. Si no la aprovechamos, si lo único que hacemos es caer y permanecer en el suelo, no se vive. Hay que arriesgarse, arrepentirse, enamorarse, perdonar, querer y ser querido. Eso es vivir, de verdad”. Es de las cosas más bonitas que me han dicho nunca, y no lo he olvidado. Pasaron muchos años y las cosas no mejoraron; tu madre había muerto en una operación, y mis padres se había divorciado. Sin embargo, los domingos seguían siendo nuestros. Siempre teníamos algo sobre que hablar, o alguna historia que contar. Un martes por la tarde, me dijiste que ese domingo no podríamos vernos, y que lo sentía mucho. Al cabo de dos domingos no acudiste al bosque, y al cabo de tres tampoco. No tenía ninguna señal de vida tuya y en tu casa no estabas. Así que esperé en tu portal hasta que llegaste. Estabas pálido, más flaco y con una sonrisa que te había salido al verme, pero que detrás de esos dientes, solo se veía sufrimiento. Te pregunté mil veces que había pasado y me contaste algo que me derrumbó por completo; te habían estado sometiendo a pruebas y te diagnosticaron la misma enfermedad por la cual murió tu madre. Rompí a llorar y a gritar, hasta que me abrazaste y me dijiste que todo iría bien, que estaban encontrando un tratamiento, una cura. Entonces, sin querer lo solté. Solté ese “Te quiero” que me había estado consumiendo por dentro y que tanto temía soltarlo. Me arrepentí al instante de esas dos palabras y me fui corriendo. Pasaron semanas y no te vi más. Yo dejé de salir apenas de mi casa, y a estar siempre con ojeras, tristeza, y sufrimiento. El 20 de Enero por la tarde, llamaron a mi casa diciendo que acudiera al hospital tan rápido como pudiera. No hacía falta que me dijeran nada, porque yo sabía que eras tú quien estaba allí. Pregunté por tu cuarto y me dirigieron a la habitación número veinte. Las paredes perfectamente blancas y las sabanas verdes, me provocaban nauseas, pero me mantuve firme. Cuando te vi tumbado con mil cables encima, mi mundo se vino abajo en segundos. Estabas más pálido y delgado que la última vez, y tu voz se rompía. Mis sollozos eran lo único que se oía allí, hasta que tú me dijiste que habías escrito algo para mí, y me entregaste esa carta. Abrí la carta cuidadosamente, mientras tú me mirabas con esos ojos cansados, pero con esa sonrisa que también vi ese 20 de enero de hace tanto tiempo. En la carta me decías que no había cura para eso, y que no tardarías nada en morir. También ponía que nada de lo que estaba escrito allí, lo podía pronunciar con palabras, porque ya apenas le quedaba voz. Lo último que ponía en esa carta, era que él siempre me había querido como a nada en el mundo, y que nunca lo dejaría de hacer. Fui incapaz de hacer nada, solo sentía impotencia de no haber podido hacer nada todo ese tiempo, que esta vida habría sido mucho mejor si hubiéramos sido algo más que un tú y yo, que no había aprovechado esta vida. Pero al cabo de nada me di cuenta de algo, que sí habíamos sido algo, habíamos sido un nosotros. Nada de etiquetas, solo nosotros. Esa palabra, tenía nuestro propio significado, y eso me hizo ver, que al fin y al cabo sí que habíamos aprovechado nuestra vida, y más de lo que hubiéramos imaginado. Me senté a tu lado y te agarré la mano con fuerza. Quería huir y salir corriendo como hicimos hace tiempo, pero ahora ya no merecía la pena, ya no huíamos de nada. Cuando se fue para no volver jamás, no lloré, sonreí. Me sentí la persona más afortunada del mundo, porque sabía que había vivido más que cualquiera otra persona y que había conocido a alguien que me enseñó a vivir, a arriesgarse, a arrepentirse, a enamorarse, a perdonar, a querer y a ser querido. Me sentía la mujer más feliz del mundo, porque yo había conocido a Jack. 

jueves, 5 de enero de 2012

Los días rojos.

"—¿Conoce usted esos días en los que se ve todo de color rojo?
—¿Color rojo? querrá decir negro.
—No, se puede tener un día negro porque uno se engorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe por qué."

lunes, 2 de enero de 2012

Fuera.

Vete. Por favor, vete. Te lo pido, vete. Solo pido que te vayas, que nuestras vidas se bifurquen tan paralelamente que no se vuelvan a cruzar nunca. Que volvamos a ser unos desconocidos más, unos aleatorios. Aunque los dos sabemos que nunca volverá a ser así. Sé que voy a echar de menos esos besos y esas caricias que ya nunca más tendré, pero ya no estás y tengo que afrontar esto. Eras mi perfección y ya no eres nada. Solo sé que pensé que sería difícil, improbable, imposible volver a caer. Y lo hice, te felicito. Otra vez, el amor me cegó. Ahora sé que esto no existe ni existirá y lo único que me queda es ser fuerte. Ser fuerte y persistir. No voy a derramar una sola lágrima más, no. Al menos no por ti. He sido una cobarde disfrazada de valiente, pero ya no. He aprendido a jugar como tú, sin reglas ni sentimientos.

jueves, 29 de diciembre de 2011

No fumes. No bebas. Acuéstate temprano. Ven a cenar, come. Haz la cama. Ordena tu cuarto. No te drogues. Sonríe. No folles si no quieres. Vigila con los chicos. No te maquilles. Respira. No salgas. Vuelve a casa pronto. No me abandones. Ama. Escucha en clase. No contestes. No grites. No salgas de fiesta. No mientas. Confórmate con lo que tienes. No hagas tonterías con la comida. Vístete bien. Levántate temprano. Aprovecha el tiempo. No seas maleducada. Perdona. Comprende y entiende. Haz los deberes. Perfecciona tus actos. Habla bien el inglés. Haz los deberes. No llegues tarde. No hagas locuras. Trabaja. No seas infiel. Aprueba. No hagas enfadar al resto..


¡A LA MIERDA!

viernes, 23 de diciembre de 2011

;

Esto no es una entrada como las otras, no. Esto es algo muy diferente.
No estoy muy puesta en esto de hacer parrafadas a gente que me importa, por que soy más de pequeños detalles diarios, pero voy a ello.
Esto es una chica única en su especie. Alguien capaz de hacerte sonreír cuando tu mundo se derrumba, alguien capaz de sustituir lágrimas por sonrisas, alguien que siempre está ahí por mi y por todo el mundo.
Esa persona, tiene muy poca autoestima, no tiene fe en ella, y no sabe las muchas virtudes que tiene. Y lo odio. Odio que se quiera tan poco pudiéndose querer tanto. Odio que no se percate de la mucha gente que la adora y la quiere, de la mucha gente que la echaría mucho de menos si no estuviese aquí. Por que llegados a un punto, no te puedes imaginar la vida sin ella. Llega un punto que a veces dependes de ella y su locura, de ella y su felicidad, y ella es tu única sonrisa diaria. Debería haber muchísima más gente como ella. pero yo he tenido la suerte de conocerla, y no me arrepiento, en absoluto. Ella me ha escuchado y me ha ayudado siempre. Si hay algo que me jode.. es la distancia. Pero sé que algún día la dejaré fuera de juego y podré estrujarla las veces que haga falta. Se que ahora ella no está en twitter, pero tengo la esperanza que vuelva, pero antes y sobretodo, tengo la esperanza que sonría. Siempre que sonría.
Voy a dejar esto con un Te quiero muchísimo Helen y con una entrada de una película que dice muy bien como es Hel ( @heleninheaven esto es para ti.)


"Los amigos son como las gafas: te hacen parecer inteligente pero se rallan enseguida y no veas si cansan... Afortunadamente a veces uno encuentra gafas que molan, como yo tengo a Helen, perfectas a su medida, ¿no crees?"

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Cada persona, en su existencia, puede tener dos actitudes: construir o plantar. Los constructores un día terminan aquéllo que estaban haciendo y entonces les invade el tedio. Los que plantan a veces sufren con las tempestades y las estaciones, pero el jardín jamás para de crecer.

domingo, 16 de octubre de 2011

noche.

Noche. Noche fría, noche oscura, noche de tormenta, noche de esperanzas, de sueños, de sentimientos, noche de preguntas sin respuesta, Noche. Noche de un 12 de abril, noche de recuerdos, de emociones perdidas, de esperanzas esfumadas, de sentimientos que persisten, de sentimientos que se van, Noche.
Han pasado ya 5 años, y aún así la noche de un 12 de abril sigue ahí, y efectivamente ahí, junto a la ventana de esa habitación pintada de color crema, está él. Sigue ahí, asomado en la ventana, contemplando las estrellas, observando aquella pareja de felices jóvenes dando a conocer su amor al mundo entero desde el banco de la plaza, contemplando los coches, las personas, observando y explorando todos y cada uno de los secretos de su ventana. Y ahí, junto a él, ella. Observando sus perfectos rasgos, su mirada, la ventana. Él la mira, ella la mira y sus labios dibujan una sonrisa. Ella lo abraza. Puede que pasaran 30 segundos, 2 minutos, o media hora, no se querían soltar, no querían. Sus labios chocan entre sí, mientras se funden en un tierno beso. Suena un móvil. El hombre la suelta y descuelga. Le hace un gesto de disculpa a la mujer y desaparece por el pasillo. Ella se queda unos segundos más contemplando la ventana. Las estrellas han sido tapadas por las nubes, la pareja ya no está, y ahora los coches pasan espontáneamente. Su sonrisa se desvanece. Se da cuenta de cómo pueden cambiar las cosas en cuestión de minutos, o incluso de segundos. Llega él, se sienta junto a ella y le susurra al oído un “lo siento”. Se meten en la cama y ella apaga las luces. Y tal y cómo he mencionado antes, unos minutos, o tal vez horas pueden dar un giro de 180 grados en tu vida.
Mañana del 13 de abril. Ella se le levanta. Él ya no está. Ella se da cuenta de que a su lado falta algo, no oye la respiración pausada que oía todas las mañanas, no ve el bulto del cuerpo que solía dormir a su lado, no ve nada, no oye nada. Se levanta rápidamente en su busca, pero lo único que consigue encontrar son armarios vacios, cajones vacios, estantería vacías. Lo único que encuentra es su ausencia. Se deja caer al suelo apoyada en la pared y empieza a llorar, a gritar. Aún no le entra en la cabeza lo que ha pasado, no se lo puede creer. Coge el móvil, lo llama y nada. Llama a todos sus amigos más íntimos pero no saben nada. Ella desesperada se viste rápidamente y coge el coche en dirección la estación. Nada. Pasa por el bar donde va siempre que dan algún partido importante, por su trabajo, pero nada. No sabe qué hacer. No se ve capaz de volver a esa casa, allí solo quedan recuerdos de un pasado perfecto al que quiere volver a formar parte, pero que no puede. Y eso la mataba por dentro. Condujo hasta el bloque de pisos de su hermana. Su hermana Laura la abre y al verla llorar no dice nada, simplemente la deja pasar, cierra la puerta y la abraza. La abraza cómo si el mundo dependiera de ello. Ella empieza a llorar otra vez, pero esta vez no está sola. Laura está con ella, aunque en realidad siempre lo ha estado, siempre han permanecido juntas. Laura se ofrece para ir a su casa y recogerle todas sus cosas y llevárselas a su piso, pero ella se lo impide, prefiere afrontarse a ello toda sola. Irá dispuesta a coger todas sus pertenencias de la casa y mirar la casa por última vez. Al cabo de un tiempo decidirá que va a hacer con ella.
Al llegar a casa, introduce las llaves y entra. Jamás le había parecido tan difícil entrar en su propia casa. Coge varias cajas de cartón que tenía en el lavadero, y empieza a recoger sus cosas. Se sienta junto a la mesita de noche, abre el primer cajón, y se encuentra con aquella foto. La foto de ellos sentados debajo del árbol de la Judea. El árbol del amor. Ella piensa para sus adentros si en realidad fueron un nosotros o un simple tu y yo. Al ver esa foto, se acuerda de que él siempre le decía “cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio.” Nunca le había preguntado por su significado, por simple miedo de no entender la respuesta.
Ahora han pasado 5 años, ella esta rehaciendo su vida poco a poco. Vendió su casa, y ahora vive con su hermana. La foto del cajón de la mesita de noche, está junto con otros recuerdos en una caja en el sótano. Ella espera que nunca más sea abierta. Pero aún no tiene el valor suficiente como para tirarlo. Ha decidido borrar su pasado y empezar su nueva vida desde cero.